CRONICA DE UNA MARCHA CICLONUDISTA A LOS OJOS DE UN NOVEL


Sábado 16:45, tras varios años intentando participar en la marcha por fin este año los astros se alían en mi favor y consigo un hueco para participar. Me dispongo a coger mi bicicleta y desplazarme desde la Rondilla hasta el punto de reunión previo donde he quedado con unos amigos, para ir después todos juntos a la marcha. Pese a que no hace frío, tampoco hace demasiado calor, y puede que en alguna calle nos quedemos un poco destemplados, pero confiemos en que el propio pelotón nos ampare y de refugio. Cojo mi bicicleta y me dirijo por la calle Portillo de Balboa hacia el centro. Voy por el centro del carril como me permite y recomienda la nueva ordenanza municipal a una velocidad normal en modo paseo, unos 16-17 km/h, y noto un cierto nerviosismo e intranquilidad por parte del ÚNICO COCHE que hay por la calle a esas horas y que viene detrás de mi dando pequeños acelerones continuamente. Me detengo en el semáforo (si, yo soy de los que se para) y para mi asombro veo como el vehículo se adentra a mi lado hasta detenerse totalmente en paralelo conmigo y a una distancia de unos 15-20 cm. Le miro con cara de incredulidad, y se pone el semáforo en verde. Decido no iniciar la marcha, puesto que si lo hago corro el riesgo de caer sobre el coche y espero a que el avance y se de cuenta de que esta demasiado cerca, tan demasiado cerca que al salir golpea con su retrovisor mi manillar, pero ni se inmuta, me mira con indiferencia como que fuera mi culpa el que él haya golpeado su coche contra mi bici y continua su marcha en dirección opuesta a la mía por fortuna para mi, un indeseable menos. ¡Ahora si!, por si acaso necesito mas justificaciones, ya no queda ninguna duda que iré a la marcha ciclonudista a reivindicar la indefension total que tenemos los ciclistas y a la que deberíamos acudir todos en masa para que no parezca que solo somos 4 los que estamos descontentos. A las 18:00 horas llegamos a la Plaza Mayor y nos encontramos un dispositivo policial compuesto por 8 miembros (y miembras), que hacia presagiar, como bien indicaba un policía, que al final iban a ser mas ellos que nosotros. Poco a poco van llegando el resto de participantes en la marcha y como en las bodas algunos compañeros se hacen de rogar y se retrasan un poco para finalmente formar un pelotón de una treintena de valientes. Por fin iniciamos la marcha hacia el Arzobispado, lugar elegido en esta ocasión para despojarnos de nuestras ropas, allí una vez vencido el miedo, coraje y/o vergüenza que se puede tener, una vez que te encuentras en pelotas, al igual que todos(o casi, algunos son mas pudorosos) a tu alrededor ya esta hecho lo mas complicado, ahora todo sera rodado. Re-iniciamos la ruta por un lateral del Calderón y un pequeño escalofrío me pasa por todo el cuerpo, mas fruto de la temperatura, que de la propia vergüenza y alli en la calle Angustias nos espera nuestro público de todas las edades entre vitores y aplausos. Continuamos toda nuestra marcha sin ninguna incidencia externa por parte de los vallisoletanos, que contrariamente a lo que piensen algunos, nos animaban y jaleaban mientras ciclábamos cantando consignas del tipo “Esta es mi carrocería”, ” No nos mires desnudate”, y otras similares (A ver si el lunes cuando vayamos a trabajar también nos veis y aplaudís, en lugar de pitarnos y casi tirarnos). Continuamos nuestra ruta pasando por la Plaza Mayor, donde nuevamente nos esperaba la prensa y los que no eran prensa con el móvil en la mano (vaya variedad de terminales que tenemos en Pucela por cierto) y entre aplausos, fotos, videos y risas continuamos nuestro paseo reivindicativo (alguno se arrepentiría de hacer o que le hicieran esa llamada a destiempo jeje). Una tarde cargada de anécdotas curiosas, como la de ese hostelero en la calle María de Molina que nos invitaba a tomar algo en su bar si entrabamos de esa guisa todos, como también esa novia recién casada en la Plaza Zorrilla que en su euforia nos enseño la liga( y la copa y la champions) y a la que correspondimos con unos aplausos de nuestras nalgas y como no la de esos dos quinceañeros que estaban mas rojos que la bandera de China, al ver pasar esa marabunta de cuerpos desnudos delante de ellos por la calle Muro. Finalmente llegamos a nuestro destino en la Plaza de la Libertad y allí, bicicleta en alto, posamos para la foto, que algún alma caritativa nos haría y dimos por concluida la ruta, volviendo a ponernos la ropa. El supuesto frío se quedo en eso, supuesto, y salvo en un par de calles que corría el aire el resto de la ruta se dio en unas condiciones ideales para la bicicleta. Conclusión, espero que sea la ultima ciclonudista, porque nos respeten y nos tengan en cuenta, pero como las utopías son utopías, nos veremos en la próxima. Os esperamos. Rober

 

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