Los activistas aprovecharon que los coches estaban parados en los semáforos para soltar la pintura y el resto del trabajo fue cosa del tráfico que, inevitablemente, esparció la pintura de los charcos.
Para tranquilidad de los vecinos, los cicloactivistas dejaron carteles en el lugar indicando que la pintura era soluble en agua y que por tanto se podría limpiar sin problema.
El resultado es, cuanto menos, curioso y colorido... a mí, desde luego, me ha gustado. Por el momento no se sabe qué colectivo anda detrás de esta historia, pero ya os contaremos si surge alguna acción más.
(Fuente: www.arbitare.it)



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