Jénifer, sinceramente no se donde estarás. Podría decir muchos sitios donde no se si estarás, en el cielo, en el limbo; no lo sé. Pero de lo único que puedo estar seguro es de que estás en mi mente cada vez que subo a mi bici.
Seguramente poca gente se acuerde de quien eras tú. Poca gente se acordará de que un todoterreno se llevó todos tus sueños, ilusiones, y futuro, por delante, mientras te lanzaba por el aire como si fueras un muñeco.
Jénifer, consciente o no, cada vez que te montabas en tu bici luchabas por cambiar la sociedad. Decías a todos los usuarios del vehículo privado de Valencia, con convicción, y sin hacer ningún ruido, que este no era el camino.
Tú no te enfrentaste de manera violenta contra los conductores, sin embargo, ellos si fueron violentos contigo.
Estoy seguro de que pensabas que la única manera de que las cosas mejorasen era hacerlas bien uno mismo. Y sabías que el decir “que lo hagan los políticos”, o, “que lo hagan otros”, no valía, era demasiado fácil.
Los coches no se compran de millones en millones, se compran de uno en uno. Tú sabías que cada uno de nosotros cuando decide comprarse un coche, o comprarse una bici, esta apoyando un futuro, u otro.
Tú apoyaste el único futuro posible, el futuro que nos engloba a todos, el futuro que no nos discrimina por nuestro poder adquisitivo, el futuro que no apoya a los coches eléctricos que siguen creyéndose los dueños de las calles.
Tú creías en un futuro de verdad, un futuro en el que creemos millones de personas en todo el mundo, y siento mucho, amiga mía, que por creer en esto tuvieras que pagarlo con tu vida.
Un fuerte abrazo Jénifer, donde quiera que estés.


Versión imprimir




